Conectarse

Recuperar mi contraseña




Genevieve G. Carter


Christian D. White


Steffan R. Malfoy

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 21 el Dom Mayo 03, 2015 9:23 am.
Últimos temas
» Orden Merodeadora - Living With Marauders (Elite)
Vie Dic 16, 2011 10:52 pm por Invitado

» Protego Totalum (Foro Nuevo) [Elite]
Dom Sep 25, 2011 12:04 pm por Invitado

» Secrets of Hogwarts {Afiliación Elite. Foro Recién abierto}
Mar Sep 20, 2011 9:13 am por Invitado

» Hogwarts Marauders... [Afiliación Élite]
Lun Sep 19, 2011 5:32 pm por Invitado

» Marauding Hogwarts {Afiliación élite} Cannons libres.
Dom Sep 18, 2011 8:59 am por Invitado

» Dark Mysteries in Paris {Normal}
Miér Sep 14, 2011 6:59 am por Invitado

» The Vampire Diaries: The Story Begins {¡FORO NUEVO!} {V.I.P & +18} -Normal-
Vie Sep 09, 2011 2:59 am por Invitado

» Alohomora: Atrévete a abrir la puerta de la magia [Afiliación Élite]
Lun Sep 05, 2011 10:56 am por Invitado

» Test del Sombrero Seleccionador {#}
Dom Sep 04, 2011 2:22 am por Melissa L. Betancourt





    



Azura Cassandra Melton.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Azura Cassandra Melton.

Mensaje por Azura C. Melton el Miér Ago 17, 2011 6:55 pm




Datos Personales





{#} Nombres & Apellido: Azura Cassandra Melton.
{#} Sangre: Mestiza.
{#} Sexualidad: Heterosexual.
{#} Edad & Curso: 16 años, sexto.
{#} Casa: Gryffindor.
{#} Historia Personal:
Primer Capítulo: Nacimiento.
Como muchos sabemos, Zára es una ciudad situada en el sur de Croacia, aunque de cálida tiene bien poco. Es capital del condado de Zadar y con una población más bien reducida. Es bastante medieval, con muchos edificios históricos e incluso los habitantes recuerdan su nombre en época romana. Pues sí, allí comienza la historia de Azura.
El año estaba resultando bastante fructífero en lo que a la pesca concierne, pues las orillas de la gran ciudad venían repletas de peces y marisco de mar adentro. No había escasez de víveres y las familias se mantenían muy unidas bajo la fe anglicana que habían adoptado hacía muchos años. Era un buen lugar para vivir a pesar de ser ciertamente húmedo y quizás no muy bueno para los huesos. Mas ningún mayor se quejaba.
Podríamos centrarnos en muchas familias o en diferentes personas, pero profundizaremos sólo en una, en la que preciso centrarme esta vez y el propósito del que esté escribiendo esto: La familia Melton.
Eran gentes trabajadoras, inmigrantes ingleses, que jamás habían visto un céntimo de más en casa y que se ganaban el pan de cada día con su buen hacer. Vivían en una calle de la periferia, en una de esas viviendas en hilera de los barrios mineros que estaban en renta más que en compra. No había dinero para más a pesar de que era una época de abundancia y nunca ningún integrante de la familia osó quejarse por tal situación. La abuela Margoritte y el abuelo John habían vivido la segunda guerra mundial de primera mano, por lo que el descansar o el quejarse por cosas sin importancia no entraba dentro del día a día de los Melton.
Belia era una muchacha bastante acertada en cuanto a fisiología, puesto que su tez era suave y clara a pesar de haber estado limpiando toda su corta vida. De ojillos pequeños y oscuros, pero muy vivaces y el cabello ciertamente ondulado, pero con gracia. Había dejado de trabajar después de quedarse encinta y en aquellos tiempos se dedicaba a adecentar un poco la casa y cuidar de su suegro y su madre, ya que su propio padre había muerto años antes de una perforación de estómago.
Novak sin embargo, era un muchacho más que apuesto. Alto, de ojos azules y porte algo clásico, mas gracioso. También contaba con cabello oscuro y piel clara y una mandíbula algo ancha, pero de sonrisa encantadora. Había comenzado como pescador a la tierna edad de trece años debido a su falta de estudios. Una persona amable donde las haya, al que le encantaban los niños y más a sabiendas de que pronto sería padre, otra vez. El recuerdo de su pequeño retoño, muerto en los brazos, sólo hastiaba su alma y por ello rogaba todos los días a Dios que no se llevase a su otro pequeño también y que lo retuviese allí con ellos.
Aquel día, cuando Novak volvió a casa para anunciar que había sido un buen día de recogida, no pudo articular ni media palabra, ya que su mujer se encontraba echada en el suelo, retorciéndose de dolor y rodeada de líquido amniótico; había roto aguas. Junto a su suegra, la ayudó a levantarse y la subieron a la mesa de la cocina, puesto que ya no había tiempo a llamar a un médico, el bebé venía y no parecía querer esperar a que un licenciado apareciese por aquella puerta.
Comenzaron a calentar agua en el fogón, para meter allí las toallas y lograr que el parto fuese más fácil. Nadie habló, las miradas bastaban. Belia sonrió entre gritos agónicos, Novak le tomó la mano y asintió. Su felicidad estaba por llegar.
-Empuja, cariño, eres una mujer fuerte.-la apremiaba poco después su madre haciendo la vez de comadrona, intentando tomar la cabecita del niño entre las manos. Su hija tan sólo asentía y empujaba con todas sus fuerzas, notando casi cómo se le iban a comenzar a romper las entrañas-.
Un grito final y todo había terminado. El llanto del niño inundó la habitación, era sano, totalmente sano. Novak le dio un beso en la frente a su mujer justo antes de caer inconsciente por el esfuerzo y tomó al bebé en brazos para que su madre le suturase la herida; era la criatura más bonita que había visto nunca. Le contó los deditos y corroboró si era niña o niño. Una bendición del cielo.
-Te llamarás Azura, mi pequeña.-le susurró al oído mientras también le daba un beso en la frente a la pequeña llorona que tenía en brazos. Parecía que sí, tenía ganas de salir a ver mundo-.
Los días no pasaron en balde, la niña comía, dormía y lo hacía todo divinamente, por lo que la alegría a sus padres no les cabía en el pecho. Cuando comenzó a abrir los ojos, descubrieron dos luceros azules que para ellos no tenían fulgor semejante y cuya sonrisa era lo que les impulsaba a seguir viviendo.
Novak se iba a trabajar todas las mañanas y su mujer descansaba en el hospital junto a la niña, a la que habían llevado poco después de nacer, puesto que había que hacerle los reconocimientos oportunos. En ese tiempo, habían decidido que su segundo nombre sería Cassandra, como su abuela por parte de padre y que la protegerían siempre con su vida, pasase lo que pasase. Aún quedaba en sus mentes el amargor de la pérdida de Eric, su primer hijo y querían pasar página. Mas una muerte de un hijo jamás se supera, puedes convivir con ella pero nunca llegar a aceptarla.
Los siguientes meses estuvieron repletos de bonanza y buen hacer en aquella casa. Azura crecía y con ella todo se hacía más llevadero. Pronto comenzó a mantenerse erguida, a abrir más los ojos e incluso a tener un poco más de pelo, el cuál era bastante liso y de color semejante al de sus padres. La piel bastante pálida y delicada, al igual que sus ojos de un pigmento límpido y cristalino. Siempre dijeron que su sonrisa tenía algo especial, no sólo ellos, si no todos los que la habían conocido hasta entonces, puesto que transmitía paz con sólo curvar sus labios con cariño.
A mucha gente le parecía una pequeña simpática, que no dudaba en imitar a sus padres y hacerles reír, a la que le gustaba que los demás se sintiesen felices. Quizás es una idea un tanto temprana dado a que sólo contaba con unos pocos meses de vida pero como suelen decir, la intención es lo que cuenta.
Así pasaron sus primeros años de vida, felices y llenos de ilusiones, tanto para unos como para otros, mas luego todo se fue volviendo gradualmente oscuro hasta que de esa felicidad sólo quedó un buen recuerdo, un recuerdo que la atormentaría el resto de sus días por cómo fue y acabó siendo.

Segundo Capítulo: Infancia.
La época de bonanza en Zára parecía habérsela llevado el viento. Tal como vino se fue, dejando la pequeña ciudad repleta de hambruna y delincuencia. El mar ya no traía víveres, las provisiones no llegaban desde la capital y las televisiones comenzaban a influenciar de mala manera a algunos jóvenes que antes ni tan siquiera pensaban en cometer un crimen, fuera del tipo que fuere.
A los dos años, Shiraz comprendía bien lo que ocurría en su casa y todo su alrededor, ya que era una niña muy despierta para su corta edad. Su padre había caído en el alcohol a causa de la decadencia de la industria pesquera y su madre había comenzado a tomar pastillas debido al abuso sexual que recibía por parte de este. Caminaba a duras penas y ya sabía cuando tenía que comenzar a llorar para que su madre pudiese ponerle a su padre el pretexto de que tenía que cuidarla para no acabar apaleada brutalmente.
Su abuela se había marchado de nuevo al pueblo hacía unos meses, ya que había creído que ya no era necesaria su estadía en la casa y su abuelo John había muerto de cáncer poco después, por lo que tan sólo quedaban ellos tres. Por la mañana, solía quedarse con la vecina debido a que su madre tenía que irse a trabajar y su padre no sabía responsabilizarse de ella, tanto por la inexperiencia como su estado de ebriedad. Jugaba con Darina, una niña que era un año mayor que ella, algo mandona y un tanto extraña, pero que le hacía buen caso y buena compañía.
Era una chiquilla pecosa, de cabello más bien rubio y ojos pequeños y marrones, de tez algo tosca. Su padre era hindú, un inmigrante de la colonia que había decidido ir a la exmetrópoli para probar suerte y había contraído matrimonio con su vecina, la señora Suk. Era una mujer que tenía un negocio de chucherías en la esquina de la calle, pero debido a que estaba nuevamente embarazada era su marido el que llevaba la tienda. Shiraz había podido comprobar que ellos dos se querían mucho todo el tiempo, no como sus padres que se querían a ratos. Mas cuando intentaba contemplarlos un poco, Darina volvía para tomarla del brazo y hacerla jugar una vez más al escondite.
-Azura, esta vez cuentas tú.-exclama la chiquilla con cierto deje de burla y corría a esconderse, para después, cuando ella comenzase a buscarla, pegarle chicles en el pelo o rasgarle el vestido para reírse de ella. Era buena chica en el fondo, pero no soportaba que ninguna niña le quitase un poco de atención ante los ojos de sus padres-.
Ya a esa edad, la pequeña Melton había comenzado a notar cosas extrañas, como que a veces, cuando quería que algo se cayese para distraer a su padre cuando quería abusar de su madre, en ocasiones así lo hacía y paraba la discusión. Nunca se preguntó por qué ocurría y como aún era muy pequeña, jamás se le pasó por la cabeza el hecho de que pudiese tener poderes o algo por el estilo, eran cosas de niños y eso siguió pensando hasta mucho después.
Las cosas en su casa empeoraban gravemente. Cuando cumplió tres años y tuvo oportunidad de ir a la escuela, se sintió ciertamente culpable por dejar a su madre sola con su padre cuando tenía libres las mañanas, una culpabilidad que ninguna niña de tal edad debiera tener. Así que, sabiendo su maestra lo que ocurría, algunos días le daba permiso para irse un poco antes y así evitar algún mal mayor, ya que siempre hacía todas las tareas y era bastante aplicada, aunque era algo distraída.
Un día como muchos otros, ya con cinco años, se dirigía desde el colegio del barrio hacia su casa, junto a Darina que presumía de ser una chica mayor ya que estaba en primero y Marjane, una niña iraní que era algo callada, pero muy buena amiga de Azura a pesar de su corta edad. Vivía dos manzanas antes que ella y tenía siete hermanos mayores, todos varones. Su mamá era muy amable, siempre olía a especias y a veces le daba alguna que otra galleta para merendar cuando sus padres estaban discutiendo y se iba a jugar con Marji (así era el diminutivo de la pequeña.)
Esta, cuando llegó a su casa, les dijo adiós y desapareció corriendo escaleras arriba y Darina y Azura siguieron su curso. La primera no paraba de hablar de lo mucho que odiaba a su hermanito pequeño, ya que acaparaba toda la atención de sus padres, pero la pequeña Melton no se creía ni una sola de sus palabras. A ella le hubiera encantado tener un hermano y ser más en la familia, pero cada vez que se lo decía a su madre, esta se echaba a llorar y la abrazaba como si la vida le fuese en ello. “Lo importante es que tú estás aquí.” Decía y después le preparaba la merienda como solía hacer todas las tardes.
Al llegar a casa de Darina, se despidió de ella con la mano y avanzó un poco más hasta su propia casa, donde picó a la puerta. Nadie le abrió. Volvió a picar, pero nadie contestaba. Le pareció algo extraño, ya que su madre solía tener la puerta abierta y el suave olor a comida llegaba hasta la esquina por lo menos. El estofado de su madre era absolutamente inconfundible y nada ni nadie lo hacía mejor que ella. Por ello, estaba más que contrariada.
Bajó las escaleras y corrió por el jardín hasta la ventaba trasera, la cuál solía estar abierta para ventilar la casa. En efecto, estaba abierta de par en par, el problema es que era un lugar un tanto inaccesible para ella, mas lo intentaría.
Tiró la mochila del colegio en el césped, ya que con ella seguramente no podría escalar y tomó el canalón en sus pequeñas manos. No podía ser más difícil que trepar a los árboles del parque. Con esfuerzo, consiguió llegar hasta el alféizar; las rodillas peladas, los antebrazos llenos de arañazos y las manos de astillas debido a que había una parte de la casa sin arreglar y su padre la había tapado con tablones sin lijar. Bien, ya estaba dentro, la cuestión era saber lo que ocurría.
La ventana daba a la habitación que antes había sido de su abuelo John, al cuál nunca había podido conocer demasiado bien. Su madre decía que era algo gruñón, pero que en el fondo tenía un corazón de oro, cosa a juzgar por lo sonriente que salía en todas las fotos. También era muy religioso, pues no había rincón en el que no hubiese una cruz en la habitación, pero él tendía más a ser católico y no protestante.
Atravesó pues la cama y abrió la puerta. La televisión sonaba en el salón y los cristales de botellas de cerveza se veían en el suelo de la entrada, justo donde las escaleras. Caminó hacia ellas de puntillas, para que su padre no la escuchase y comenzó a subirlas poco a poco, todo olía a podredumbre.
Al llegar a arriba, su mirada azul se congeló para siempre; un rastro de abundante sangre cubría el primer piso y la conducía hacia la habitación de sus padres. Sin dudarlo, corrió hacia ella salpicándose las piernas de aquel líquido carmesí y la abrió de par en par, encontrándose con la escena más cruenta que vería en su vida. Su madre, muerta en el suelo, llena de sangre y tan apuñalada que no le cabía una cuchillada más y su padre, que no estaba en el salón, si no arrodillado ante ella, llorando.
-Qué te he hecho mi vida, qué te he hecho.-susurraba mientras intentaba limpiarse la sangre de las manos. Miró hacia arriba y vio a su hija, a Azura, mirándolo con horror y desconsuelo mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.-No, cielo, yo…-no pudo terminar la frase, la pequeña salió corriendo escaleras abajo. Ese fue el momento en el que su infancia hubo acabado-.

Tercer Capítulo: Transición.
Después de aquello, su padre fue enviado a prisión y ella a vivir con su abuela, por lo que tuvo que cambiar de colegio. Darina le regaló un lazo viejo que ya no le gustaba y Marjane le regaló un pañuelo iraní, bordado por ella misma, claro que ayudada por su madre. Se despidió de ellas con una sonrisa amarga y triste, mientras su abuela la instaba a entrar en el coche, les quedaba aún bastante camino hasta el aeropuerto y del aeropuerto a otro país, el Reino Unido, Liverpool, donde ella vivía. Era muy distinta a su Zára natal, puesto que era muy turística, contaba con playa y además estaba muy lejos de Croacia.
Recordaba la casa de su abuela Margoritte como un lugar lleno de paz y cariño, que quizás era lo que más necesitaba en aquellos momentos. No era muy grande, tan sólo contaba con un piso y era de dos habitaciones pequeñas, pero era tan coqueta que no importaba. Nada más llegar, su abuela ó como ella la llamaba, nana, le preparó un té con leche y le ofreció galletas de jengibre, scones y bizcocho de pasas, pero tenía la sensación de que estaría mucho tiempo sin comer. Ella le recordó que las penas, con pan son menos y que su madre no querría verla así, tan desfallecida y pálida y que debía de nutrirse y ser fuerte.
Le costó mucho acostumbrarse a aquel lugar, ya que el clima era distinto e incluso también lo era la gente. Aun así, hizo amigos con cierta facilidad y comenzó clases de guitarra después de encontrar el viejo instrumento de su abuelo James, el cuál según su abuela había sido todo un pionero en aquello del rock & roll y que había sido incluso más famoso que los propios Beatles. Claro, que con ello se refería a que había formado un grupo y habían tocado siempre en las fiestas de la ciudad. Aunque sí había grabado un disco, un tanto desastroso por cierto.
Pronto comenzó a interesarse por la escritura, ya que los tiempos muertos en casa de su nana los pasaba o tocando la guitarra o leyendo. Aprendió mucho de Edgard Allan Poe, de Shakespeare y de muchos más, creando una filosofía de vida bastante interesante. Como le gustó lo que todos hacían, se ofreció como columnista del colegio y no le fue mal en absoluto.
A los ocho años, recibió la noticia de que su padre había muerto en prisión, de una pulmonía y de que la herencia pasaba a ella directamente. Era muy pequeña aún para comprender todo aquello y por ello el notario decidió que lo mejor sería que su abuela lo Administrase todo y que cuando cumpliese la mayoría de edad podría hacerlo ella. Pero su abuela tenía otros planes para ella.
Todo se descubrió una tarde de Septiembre en la que, indignada por algo que ella consideraba una justicia, sin querer el jarrón favorito de su abuela implotó, causando un gran estruendo. Fue cuando esta supo que ella era la única que había heredado su capacidad de bruja y que era hora de contárselo.
Resultaba que su madre había nacido squib, por lo que jamás había podido exteriorizar su magia y su padre había sido un simple muggle, pero la familia de su abuela había sido sangre pura durante muchas generaciones, así que el gen había sido lo suficientemente fuerte como para anidar en ella, que era sana y avispada. Seguramente Belia no lo había heredado debido a la fragilidad de su salud desde niña. Al principio no sabía muy bien si creerlo, ya que la vida le había demostrado que las cosas era mejor verlas y después creerlas, pero al sacar esta su varita y demostrarle alguna de las cosas que podía llegar a hacer, se maravilló hasta tal punto que quedó extasiada de su rareza.
Su abuela había preferido una vida muggle al conocer la noticia de que su hija era squib, ya que hubiese sido muy duro para la pequeña el saber que no podía hacer magia y soportar las burlas de todos los demás niños de la comunidad mágica. Así que se buscó un trabajo en una tienda como dependienta y crió a su hija con todo el amor del mundo, pero supo en cuando nació Azura que ella sería especial. Desde aquel momento, se comprometió a instruirla o al menos, contarle cosas sobre el mundo mágico para que cuando tuviese que ir a la escuela de magos y brujas no anduviese tan perdida. Eso sí, le hizo prometer que no se lo contaría a nadie, ya que era un secreto que la comunidad llevaba guardando desde el principio de los tiempos.
Los libros que antes estaban prohibidos, ahora eran todo un nuevo mundo para ella, que tanto se había empeñado en creer que eran imaginaciones suyas. Por ello se instruyó algo en pociones, encantamientos y transformaciones, cosas que no podía realizar sin instrumentos ni varita, pero que le llamaban la atención. También hay que decir que las compaginaba con le colegio, las clases de guitarra y el estar con su abuela, cosa que a veces no era nada fácil. Al menos, la aliviaba un poco el acariciar a la gata de su nana, Canela, la cuál la había recibido como una más cuando hubo llegado allí.
El tiempo fue pasando y Azura siguió creciendo, dejó de ser tan niña para convertirse en una jovencita de once años, llena de sueños e ilusiones, pero aún con la sombra de la muerte de su madre en su carácter, no había vuelto a ser la misma. El día que la carta de Hogwarts llegó a su poder aún era comienzo de verano, la época en la que los turistas comenzaban a llegar a la ciudad y su abuela sacaba del armario todos los modelitos anticuados y estrambóticos que a ella tanto le gustaban. Cuántas veces habría caminado por casa con sus tacones y sus gafas de hormiga atómica desfilando como las modelos y cuántas veces tal acción le habría sacado una sonrisa.
Una vez la tuvo en las manos, los ojos le brillaban y todo su cuerpo se encontraba nervioso y lleno de vitalidad otra vez, como un renacer. La abrió con mimo, esperando no dañar el sello de lacre y la leyó con atención bajo la supervisión de su abuela. Aún dudaba que aquello fuese real, si no que fuese un sueño y por ello se pellizcó el antebrazo durante todo el día hasta que acabó haciéndose un cardenal. Ese mismo Septiembre, comenzaría las clases en aquella institución de la que tanto le había hablado su nada y de la que con tanta nostalgia se acordaba.
Había profundizado sobretodo en que la comida estaba deliciosa y que volar en escoba era todo un descubrimiento, además que contemplar los efectos que podían tener las pociones sobre uno. Le enseñó un libro sobre Quidditch, cosa que la encandiló desde el principio y también sobre Herbología y algo también de Adivinación, cosa de la que huiría durante toda su estadía en la escuela años más tarde.
Y tal día como el indicado, se presentaron las dos en la estación de Londres, con todo comprado ya. El Callejón Diagon seguramente sería el sueño de todo niño, o al menos el sueño de Azura. Había tantas cosas por aprender y por ver que parecía que sus ojos volvían a brillar otra vez, pero aquello sólo duraba cinco minutos, luego volvían a opacarse.
Lo que más le chocó de primeras fue tener que correr contra una columna, puesto que al chico anterior lo habían tenido que reanimar del golpe que había recibido, pero ella no tenía miedo. Así que con valentía, se adentró en lo que para ella era un mundo quizás no tan nuevo por todo lo que le había contado su nana.
El tren era algo antiguo, pero muy bonito, rojo y negro. La dejó bocabierta un buen rato, mas luego, la sirena tocó para que los últimos pasajeros subieran al tren.
-Cuídate mucho, cielo.-terció su abuela mientras le acercaba el baúl a la puerta, le daba un beso en la mejilla y también la ayudaba a subir-.
-Lo haré, abuela. Te escribiré cada semana.-aseguró despidiéndola con la mano y poco después desapareció en el interior del expreso rumbo a algún compartimento-.
Comenzó el traqueteo del tren y después de ello, tan sólo quedó la suave risa de la anciana Margoritte en el ambiente, cuánto había crecido su pequeña nieta.

{#} Historia en Hogwarts: Cuarto Capítulo: Hogwarts.
Desde un primer momento, Azura supo que aquel era su lugar y que era donde realmente encajaba y era medianamente feliz. La ceremonia de bienvenida había sido inmensa, había tantos alumnos que si no hubiese sido por la profesora que los guiaba se hubiese perdido con un margen muy pequeño de error, además de que el castillo era absolutamente inmenso. Comenzaron a decir los nombres de todos los niños de primer curso, ya equipados con sus túnicas, algo húmedas aún por el paseo por el lado negro. Le había caído bien el Guardabosques, era un grandullón, pero también un trozo de pan. Estaba en el medio de la lista más o menos, así que cuando ya los alumnos mayores comenzaban a cuchichear que querían cenar, la llamaron a ella.
Nerviosa, se acercó hasta el sombrero y se sentó en el taburete, que le quedaba bastante grande. Tardó bastante tiempo en decidir de qué casa sería, más por reírse de los pensamientos y ocurrencias de Azura que por otra cosa. Finalmente, fue conducida a la que sería su casa aquellos siete años que le quedaban por cursar, aplaudida y vitoreada por sus integrantes, serpientes de corazón. Después, pudo comprobar que su abuela estaba en lo cierto, la comida en aquel lugar era exquisita.
El primer año transcurrió con absoluta normalidad, aprendiendo con ganas e intentando superarse a sí misma. Recordaba que algunos compañeros habían explotado pociones (generalmente el muchacho rubio que solía sentarse a su lado.) o habían convertido al profesor Flitwick en ratón en un error de puntería, pero que todos se lo habían pasado en grande, sobretodo con los partidos de Quidditch. Por ello, las vacaciones se las pasó estudiando y practicando con su varita, a la cuál siempre tuvo en muy alta estima. Lo que más le gustaban eran los encantamientos y los hechizos protectores en cuando a magia con varita se refiere, pero nada podía comparársele a cuidado de criaturas mágicas, asignatura que la traía hipnotizada. Era divertida y a la vez muy práctica, como Vuelo, enérgica; por ello solía gustarle a la mayoría del alumnado.
El segundo curso también fue tranquilo, algo más difícil que primero pero muy saciante para una muchacha como Azura. Se hizo bastante amiga de muchos de los fantasmas, como Nick Casi Decapitado, La Dama Gris o El Fraile Gordo, que siempre robaba rosquillas para ella cuando no tenía tiempo de ir a comer para terminar algún trabajo. Fue el año en el que más amigos hizo, aunque no solía tener demasiada compañía. Ello era porque a veces estaba triste y no podía ocultarlo y prefería estar sola a que los demás la viesen sufrir o estar mal, en cierto modo porque no quería contarle a nadie lo que había acontecido en su vida.
En tercero le comenzó a interesar realmente Defensa contra las Artes Oscuras, ya que trataba temas más profundos y que la hacían reflexionar más, a la par que Encantamientos, puesto que a medida que iban subiendo los cursos, más difíciles eran los movimientos de varita. Fue el año en el que se aficionó a las ranas de chocolate definitivamente y en el que comenzó a hacer excursiones a Hogsmeade. Desde un primer momento le pareció un pueblecillo encantador y que resaltaba mucho la belleza rústica del lugar, parando siempre a tomar una cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas. Todo ello, se lo solía contar a su abuela en una carta semanal que mandaba en una lechuza del colegio, con aventuras y desventuras en su interior.
En cuarto, pudo asistir por fin al baile de Navidad ya que años anteriores la había pillado con exámenes. No se preocupó nunca de encontrar pareja o no, le daba igual ir sola, así que el último día que se lo pidió el chico rubio de pociones, aceptó sin dudarlo y pasó una noche estupenda. Desde ese día, comenzó a tener a algún que otro adolescente con las hormonas revolucionadas detrás, a los que siempre rechazaba con educación, ya porque no fuesen de su agrado o también por temor a lo que le ocurrió a su madre.
En quinto año, como todos sabemos, realizo los T.I.M.O.S , exámenes indispensables en la vida de todo mago ó bruja que se realizan en dos semanas. Obtuvo las siguientes calificaciones:
Primera Semana:
Lunes.-Encantamientos (E)
Martes.-Transformaciones (E)
Miércoles.-Herbología (S)
Jueves.-Defensa Contra las Artes Oscuras (E)
Viernes.-Historia de la Magia (A)
Segunda Semana:
Lunes.-Pociones (E)
Martes.-Cuidado de Criaturas Mágicas (E)
Miércoles.-Astronomía (S)
Jueves.-Aritmancia (S)
Viernes.-Runas Antiguas (A)

{#} Varita: 28.7 cm, madera de ébano; semi-flexible. Núcleo de cabello de thestral y escama de dragón. En cuanto a Encantamientos, no tiene rival. Tiene demasiada potencia con hechizos de corto alcance.
{#} Boggart: Su padre matando a su madre.
{#} Ridikulus: En verdad estaban interpretando una obra de teatro.
{#} Patronus: Un lobo albino.


Otros Datos




{#} Descripción Física: Ojalá la hubieras conocido. Sí, tú, el que no creía en que pudiera existir alguien así. Porque, créeme, es absolutamente imposible que no te maravillaras al conocerla, ni el más frío de todos los que habitamos este mundo podría.
No son solo sus orbes almendrados de otoño, de azúcar tostado, los mismos que relucen en azulado candor a cada instante, los mismos que fijan su atención con templado azabache en su interior mientras esas inquietas pestañas suyas flamean acaneladas. No son solo sus labios de ninfa griega, rosados y carnosos a la par que las cerezas en época estival, porque ella es todas las estaciones en una misma persona. No es solo su nariz, equilibrio casi perfecto en su rostro que hace que su mirar sea aún más profundo, de un tacto suave y deleitable. No es solo su tez, la que con su leve tono tostado, caramelo, inquieta a todo hombre que pueda contemplarla. Es su sonrisa, ¡Oh, su sonrisa! Ese diáfano y límpido teclado que guarda el momento preciso y perfecto para hacer su aparición con melodiosas sinfonías, ese presente casi divino que te hace sentir importante con tan solo presenciarlo, ese silencioso momento que, contagiosamente, también te hace sonreír a ti.
Y su cabello, cobrizo al igual que la mies en los campos al anochecer, refrescante como el rocío y ondeante como la brisa a la vera del mar. Tan hermoso que casi no se puede refrenar la tentación de palparlo con la yema de los dedos y corroborar lo que de seguro es cierto. Tú, que pensabas que mis incrédulos ojos nunca podrían presenciar algo así.
¿Y sabes lo que me contesta ella cuando le digo que me encanta? Me dice que es tan imperfecta que no puede ser cierto lo que le digo; y yo, la miro con fijeza a esos ojillos de otoño y me pierdo en ellos, para contestarle una vez más “Me encantas.”. Porque no hay más cielo que el de sus fotos.
Ojalá la hubieras escuchado. Sí, tú, el que no creía que pudiera existir alguien con tanta facilidad en la palabra. Porque, créeme, es rotunda y abrumadoramente imposible que no te enamoraras de su voz, tan clara, tan dulce, tan sincera; de esas palabras que crecen como rosas en tus oídos y que hacen que tu corazón palpite con fuerza. Esas que infunden tanta confianza, ánimo, empatía y cariño; no hace falta que ella te abrace para percibir la tibieza de sus palabras y el abrigo de sus silencios. Tan alegre que darías tu vida por verla ser feliz. ¡Porque es tan concluyentemente cándida! Nunca ví persona con más madurez que ella, jamás alguien tan responsable. Un cuento de aquellos que nos contaron a todos alguna vez, un sueño entre el “Érase una vez” y el “Vivieron Felices.”
¿Y sabes lo que me contesta cuando le digo que nunca cambie? Me dice que no merece mis palabras y me sonríe, y la miro, miro su sonrisa y esta me contagia. “Nunca cambies.” Le repito y ella me abriga con su silencio. Quizás, por estas pequeñas cosas, es por lo que la quiero más día a día.
¿Sabes? En efecto, ojalá la hubieras conocido.

{#} Personalidad: Azura Cassandra Melton al descubierto, si es que ese es su verdadero nombre. ¿Una palabra que la defina? Impredecible; ¿Algo que destacar? Toda ella; ¿Se saca algo en limpio de todo ello? Probablemente nada.
Si quieres alguien que sea obediente, no es tu chica. Tampoco esperes que te ponga buenas caras a todo y menos lo que no le parece correcto. No se esfuerza ni un poco en enmascarar cualquier cosa; ¿Qué la ves haciendo algo que no parece muy legal? Pues que te vaya bonito, a ella le da exactamente lo mismo.
Si tú no te valoras, no lo hará por ti; es más, no es muy amiga de las cosas fortuitas. Cree fehacientemente en que las cosas en la vida hay que ganárselas y los sanbenitos son una de sus múltiples aureolas. Donde nunca se puede sacar algo en claro, allí probablemente está Azura. Le importa más bien poco lo que piensen los demás de ella si con ello se ahorra quebraderos de cabeza; aprende de los errores pero jamás escucha las broncas. ¿No les gusta? Que rasquen.
Ahora es el momento de decirlo, para ella cuentan mucho las primeras expresiones. No prejuzga, eso es otra cosa, pero si presiente que no eres de fiar a la primera de cambio probablemente le entres por el ojo izquierdo y no quiera saber mucho de ti. Tiene fe en su instinto pese a que no es precisamente una persona que cree en las cosas así porque sí.
La vida son dos días, si algo piensa Azura es que no se piensa quedar sentada mirando a las musarañas mientras el tiempo lastra su juventud, antes pija. Sabe divertirse, eso no lo niega nadie y acostumbra a tener un humor más bien sarcástico, el que no logra entender todas las personas con las que se relaciona. ¿Complicada? Error, no hay personalidad más sencilla que la suya.
Más sabia que el hambre, a cada comentario mordaz, ella contesta con uno aún más tajante. ¿Quieres más? No se corta un pelo en partir narices, aunque no es muy de violencia.
Insulsa, estrecha, la catalogan de eso a veces. ¿Y qué? No es una mujer fácil y si ello pensaban cuando la vieron pues mejor se van al bar de la esquina a por dos o tres mujeres de aquel partido.
Después de leer todo esto, ¿A que sólo parece una niñata? Otro gran error. Sabe lo que hace, mucho mejor de lo que muchos piensan. No esconde una personalidad de niña buena tras su faceta más áspera y no espera que comprendan su forma de ser; no le interesa que se comprenda, con que no juzguen sus actos es suficiente para ella. ¿Novio? Hombres, quien los necesita. Total, no pretende quedarse con un bombo de lotería a los dieciocho años para tener seis críos a los veintitrés que no la dejarían ni respirar. Y no es que odie a los niños, si no que no se ve con familia, para ella todo siempre será una vida de adolescente, la que le gusta. ¿Poco madura? Bueno, la inteligencia emocional no es precisamente de gente con mentalidades infantiles.
Es simpática, egocéntrica cuando hace bromas y le encanta hacer reír a los demás, a pesar de que nunca lo busca, es fortuito. Todo funciona por reglas de tres para ella y lo que se salga de la norma es lo que en general le atrae. Sí, con ello se incluye a ella misma.
No suele oír ni a su cabeza ni a su corazón, más bien a lo que le dicen los pies cada mañana. A veces no se piensa las palabras antes de hablar, lo que causa muchos malentendidos entre ella y los demás. ¿Buscapleitos? No. Al contrario de lo que todo el mundo piensa no le van demasiado las peleas.
Y así es ella, ella así es. ¿Con ganas de más? Puede ser lo más impredecible que te hayas encontrado en tu vida. Así que ya sabes majo, si quieres comprobarlo por ti mismo, te animo a descubrirlo. No se responsabiliza de posibles daños psicológicos. Mas cuando se la conoce bien, es un poco distinta.
En el fondo, tiene la necesidad de gustarle a otras personas y de que aprueben lo que ella hace, y con todo tiende a criticarse. Aunque posee algunas debilidades de personalidad generalmente es capaz de compensarlas. Tiene una considerable capacidad que no ha usado en su beneficio. Disciplinada y autocontrolada en el exterior, tiende a ser aprensiva e insegura interiormente. A veces se plantea serias dudas en si hizo lo correcto o tomó la decisión acertada. Prefiere cierta cantidad de cambios y variedad y llega a decepcionarse cuando está cercada por restriccciones y limitaciones, ya que es muy activa. Se autoufana también de ser una pensadora independiente, y no acepta las afirmaciones de otros sin pruebas satisfactorias. Pero ha encontrado desaconsejable ser demasiado franca en darse a conocer a otros. A veces es extrovertida, afable, y sociable, mientras que otras veces es introvertida, cauta, y reservada, sin llegar a ser bipolar en absoluto. Algunas de sus aspiraciones tienden a ser más bien irreales y nada más que ensoñaciones. Es educada, pero no suele prestar atención a nada en especial, por lo que puede parecer que no. Esa es ella.

{#} Lugar de Residencia: Liverpool.
{#} Nacionalidad: Tiene doble nacionalidad, Británica/Croata.
{#} Gustos: El ajedrez mágico, algún que otro deporte muggle, leer cómics, la música en general y salir de fiesta. Aun así es una persona responsable y sabe que tiene que estudiar para labrarse un buen futuro. Por ello, no le importa quedarse alguna que otra tarde estudiando. En cuanto a cuando está con amigos, le importa bien poco lo que hacer con tal de estar con ellos, aunque si se pasan toda la tarde tirados en el sofá viendo una película en vacaciones cuando podían estar perfectamente por ahí no es que le agrade demasiado. Antes estaba bastante enganchada a los antidepresivos pero desde que entró a estudiar al colegio pareció dejar de sentir afecto por las pastillas. Es seguidora nata del café y más si es solo y bien cargado. En cuanto a la comida le va bastante el picante y es poco amiga de lo ácido ya que le deja anestesiada la lengua por un buen rato. No puede vivir sin su dosis diaria de azúcar ya que la declararon hipoglucémica cuando era pequeña y necesita tomar mucho azúcar. En cuanto a la comida, toda le va bien, de todos los países y los gustos, puesto que no le hace ningún asco a nada; aun así, prefiere la comida mexicana, la hindú y la japonesa. Es deducible que le encanta cocinar. Además, canta y toca la guitarra y algo el piano.
{#} Fobias: Teme las arañas, no las puede ver delante, le dan verdadero pánico.
{#} Defectos: El principal es que a cabezona no la gana nadie.
{#} Descríbete en una frase: Nunca te fíes de las apariencias.
avatar
Azura C. Melton

Galeones : 9
Fecha de inscripción : 17/08/2011
Localización : Sala Común, Hogwarts, Mundo Mágico, Planeta Tierra, Sistema Solar, Vía Láctea, Universo (?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Azura Cassandra Melton.

Mensaje por Genevieve G. Carter el Miér Ago 17, 2011 8:54 pm

Ficha aceptada, ahora te doy color. Termina tus registros.
avatar
Genevieve G. Carter

Galeones : 55
Fecha de inscripción : 07/08/2011
Edad : 21
Localización : En la Sala Común de Slytherin *-*

Ver perfil de usuario http://fuckyouitsmagic.forosactivos.net

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.